HOY, Álex Roa / “Esto lo arreglaba yo en dos patadas”

Arde Grecia, literalmente, y arden las redes sociales, figuradamente. El Parlamento griego ha aprobado más recortes a cambio de un nuevo rescate de 130.000 millones de euros. Los manifestantes han salido a la calle por decenas o cientos de miles. Los protestas son, una vez más, extremadamente violentas.

El hashtag #EstamosConGrecia ha sido TT (Trending Topic) durante toda la tarde y noche del domingo, y continúa siéndolo la mañana del lunes. Casi todo son mensajes de indignación contra la maldad de Merkel y Sarkozy, de Alemania y de Francia, del FMI y del BCE. Y, por supuesto, mensajes contra los políticos griegos, salvando tan sólo a aquellos que han votado en contra del rescate. Los que han votado a favor son calificados de “antidemocráticos”, como mínimo. Según el diputado de IU Gaspar Llamazares, por poner un ejemplo entre muchos, “Lo de Grecia es una ocupación en toda regla de la banca internacional con bandera de UE“. El mismo Llamazares que hace unos días dijo que “Garzón es inocente, diga lo que diga el Tribunal Supremo“, por cierto.

No faltan, por supuesto, voces sensatas que recuerdan la responsabilidad que ha tenido la sociedad griega en su conjunto en su actual desgracia. Pero apenas se las percibe en medio de la furia indignada. Y estoy hablando de los mensajes emitidos por españoles, no quiero ni imaginarme cómo serán los de los propios griegos.

Y es que parece que, como consecuencia de la interminable crisis, nuestra natural tendencia a la indignación, a esa “ira del español sentado” de la que hablaba Álvaro Pombo, se ha disparado exponencialmente. Las ya-no-tan-nuevas tecnologías ayudan un montón, y así no hay día en que no reciba por email al menos una docena de mensajes de esos encadenados que vienen repletos de insultos a los políticos y/o a los banqueros en general, o acompañados de power points que nos informan de los múltiples sueldos y privilegios varios de algunos políticos o banqueros en concreto, o bien nos desvelan alguna nueva conspiración de “los mercados” para hacerse con el dominio mundial. Unas informaciones que siempre hay que tener en cuenta porque, como todo el mundo sabe, y al igual que Homer Simpson decía de las galletitas de la suerte chinas, los power points anónimos nunca mienten. Esto sólo por email, ya digo. Que en Twitter y Facebook, las redes sociales que uso, la indignación no parece tener límites. Como la tontería, por cierto, que la gente escribe cada cosa …

Pero de todo esto se puede prescindir si se quiere. Nadie te obliga a leer esos emails o twitts o lo que sea. Lo mismo que puedes unirte al movimiento 15M si sientes afinidad con su indignada forma de ver el mundo y de actuar sobre él, o puedes ignorarlo por completo (salvo en casos de invasión del espacio público, claro).

Lo que resulta más difícil es abstraerse de los indignados que nos rodean en la vida diaria: compañeros de trabajo, amigos, familia … y también compañeros de partido político, por supuesto. Gente que no tiene el más mínimo reparo en agredirte con su indignación, venga o no venga a cuento, y que se toma fatal no ya que les lleves la contraria, sino que les hagas la más pequeña matización. Parecen pensar que si no estás tan indignado como ellos eres cómplice de la situación (y si encima tienes un cargo político, ni te cuento).

Estos indignados de salón se caracterizan indefectiblemente, además de por sus malos modos, por su análisis simplista de la situación política, económica y social, con los bandos de “buenos” (el pueblo, los trabajadores) y “malos” (los bancos, los mercados, los políticos) bien delimitados. Y, consecuentemente, por sus igualmente simplistas soluciones. Vamos, el “esto lo arreglaba yo en dos patadas” de toda la vida, aunque se recurra a ejemplos aparentemente más elaborados. El caso de Islandia se ha vuelto paradigmático, lleva camino de convertirse en un mito. Supuestamente es un ejemplo de cómo salir de la crisis con dignidad, encarcelando de paso a los responsables políticos y financieros, pero al parecer también tiene su lado oscuro.

Pero el mundo es demasiado complejo para aplicar soluciones simplistas. No siempre se puede hacer como el griego Alejandro Magno (macedonio, en realidad), que al ser retado a deshacer el nudo gordiano tiró por la calle de en medio cortándolo con su espada. Pero él era ya para entonces el amo de medio mundo civilizado, o al menos estaba en camino de serlo. Un personaje excepcional, se mire como se mire. A los que no somos tan Magnos, aunque seamos Alejandros, no nos queda otra que esforzarnos en deshacer el nudo, intentando de paso no enredarnos en otro aún peor.

Quien haya leído este post podría tener la impresión de que su autor es un derrotista o que no tiene en las venas otra cosa que horchata. Pero no es así. Tan sólo considero que la indignación, por sí misma, no tiene ningún valor. Que sólo sirve para desahogarse y, en muchas ocasiones, para incomodar a los que te rodean, que por lo general no tienen más culpa que tú en lo mal que van las cosas. Y que, desgraciadamente, no hay unos concretos malvados culpables de todos nuestros males a los que podamos destruir y con ello solucionar todos nuestros problemas. Eso lo dejo para los cómics de superhéroes. Que, por cierto, me encantan.

Álex Roa – Edil por UPyD en Guadarrama

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